Sentir
Pensaba en la posibilidad inminente de que usted me deje por otro escudándose en mi incapacidad para sentir. Esa jodida incapacidad para sentir a la que usted culpa de todas nuestras incompatibilidades y confictos, como si sentir fuera una clave que resolviera lo que nosotros fuimos incapaces de resolver. A veces pienso en lo que quiere decir cuando dice que me quiere. Pienso en la racionalidad, la estrategia, que controla su expresividad sentimental. ¿Todo es instinto? ¿Realmente es sensato confiar en el instinto? A esto es a lo que usted llama mi insensibilidad. Usted cree que porque no me dejo llevar no siento. O que porque calculo mi reacción, porque me controlo, entonces estoy renunciando a mis sentimientos. Confunde mi falta de respuesta inmediata y mi cuidadosa mesura con desamor. Algún día entenderá, espero, que las pocas veces que le dije que la quería era completamente sincero. Era tan sincero que puedo asegurarle, míreme cuando le hablo, que nunca jamás recibirá una prueba de amor de nadie como la que yo le di entonces o como la que le doy ahora. Cuando le dije que la quería era la verdad. Créame, mi especie no se distingue por eso. Mi especie está dispuesta a decir cosas que no siente en aras de crear una idealización acorde a las mitologías populares que a su vez contribuya al nacimiento futuro de supuestos verdaderos sentimientos. Pero esa cadena causal está rota porque la mentira sólo deviene en más mentiras hasta que la idealización tambaleante es lo único que tienen en común, lo único que los sostiene.

