Viernes
No soñé nada. En cambio, a las tres de la mañana me despertó la calor. Salí al balcón y afuera llovía. En la calle hay varias palas mecánicas gigantes dormidas entre el barrial. Es como si viviéramos frente a un corral de triceratops. Ahora son las siete y media y las bestias acaban de despertarse. Oigo el rumor de varios motores en sincronía. Esta mañana, recién me levanté y fui a la cocina a preparar la avena, Gonta me pidió de nuevo espacio en la nevera. Estuvo encerrado ahí quince minutos. Ahora, sentado en el balcón, recibe el fresco de la llovizna y le maulla a los pájaros.

